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03 diciembre, 2011

Diferencias con Andrés Velasco

A diferencia de lo que dice Andrés Velasco, ex Ministro de Michelle Bachelet (la hoy idolatrada Presidenta de la República), no creo que el problema causante de la desigualdad sea la escasez de empleos [1]. De hecho, creo que el problema es el empleo mismo, o mejor dicho, es la desigualdad en la valoración del mismo ¿De que sirve crear muchos empleos si la mayoría de ellos serán indignos? La gente termina en ellos no porque realmente los quiera hacer sino por necesidad, por alimentar a su familia, por pagar el dividendo, etc. 

¿Por qué lograr un sueldo y trabajo digno está tan lejano para el 99% de los chilenos? ¿Por qué es necesario tener un título profesional? Es más, ¿por qué es necesario un magíster, un MBA, un pituto para tener un sueldo o trabajo digno? Todos sudan lo mismo, todos se estresan por igual, todos se esfuerzan por igual; no obstante, todos ganan salarios muy distintos. 

A mí me gusta la diferencia, de hecho, soy una persona muy poco convencional. Sin embargo, me gusta que se aprecien todos los trabajos por igual. La discriminación en la apreciación de los empleos es el verdadero problema causante de la desigualdad.

Es necesario un cambio ahora.


1. "Por qué Velasco elude las causas de la desigualdad", Eugenio Rivera. 2 de diciembre de 2011, diario El Mostrador. Disponible en Link.

28 noviembre, 2011

El verdadero poder

¿Qué tan poderoso es Don Dinero? Don Dinero es solo una hoja de papel (y polímero) ¿No es más fuerte un grandioso roble de mil años de edad que una hoja de papel arrugada que cabe entre los dedos de tu mano? ¿Qué es más poderoso: los dientes de un elefante majestuoso, imponente o un simple adorno de marfil para la decoración de una sala lujosa? El poder no lo tiene Don Dinero como dijera el ingenuo Francisco de Quevedo: el poder lo tenemos nosotros. El poder para cambiar el mundo, el poder para cambiarnos.

¿Qué tipo de tributo le rendimos día a día a este caballero? ¿Por qué cada día le rendimos pleitesía a este tirano que se hace pasar por caballero? Este caballero es el culpable de que el obrero reciba menos por su trabajo que el arquitecto o el ingeniero. Pese a que ambos trabajen lo mismo. Uno trabaja con sus manos y el otro trabaja con su mente. El trabajo es diferente, pero el esfuerzo es el mismo. El estrés es el mismo. Probablemente, el gerente que está a cargo del arquitecto y del ingeniero gane más dinero, y probablemente el presidente del directorio de la empresa inmobiliaria gane más dinero que todos ellos, pese a que tal vez ni siquiera haya estado en el terreno de la construcción. 

¿A qué clase de villano se le ocurrió que un trabajo era más valioso que otro? ¿Por qué debemos cuantificar el trabajo de cada persona? ¿Por qué no podemos simplemente ofrecernos servicios? ¿Vivir en una sociedad en que lo más importante no sea el PIB sino la felicidad de las personas? ¿Por qué no podemos vivir en una sociedad en que cada uno trabaje en aquello que ama y no cobre por hacerlo sino que sea una sociedad de servicialismo en la cual todos tengamos una función que no valga más ni menos que la otra? 

Propongo una sociedad de servicios. Una sociedad en la cual el artista sea tan valorado como el médico que sana en su consulta; el obrero no calificado tan valorado como el arquitecto;  el profesor como el director de un colegio; el concejal como el presidente; el soldado como el general.

Propongo una sociedad en la cual las ciencias, las artes, el humanismo, la política interactúen de una manera sincrónica y armónica. Una sociedad en la cual cada uno tenga un una vivienda para él y su familia; acceso a educación; salud. Una sociedad culta y moderna; avanzada y compasiva. Propiciadora de talentos y en armonía con la naturaleza. 

En el cristianismo primitivo encontramos que todos convivían en armonía y todos compartían lo que tenían. Es curioso ver cómo después este mismo cristianismo propició una cultura que traicionó sus inicios (la compasión, el compartir, etc.).

Quevedo decía que Don Dinero era un poderoso caballero. Yo digo que nuestra inteligencia, nuestros músculos, nuestras manos y nuestros ojos son el poder. El verdadero poder. En nosotros está la decisión. En nuestras mentes, en nuestras manos está el curso de la historia. No dejemos que nos sigan engañando, no dejemos que nos sigan vejando. 

25 noviembre, 2011

Justicia social, el verdadero Capitalismo

Después de leer el artículo "Vivir para trabajar" [1] y comprender de que el 41% de los trabajadores chilenos dependientes trabajan en promedio 12,2 horas, confirmé lo evidente. Es algo que yo viví también en empresas y también vi a otros vivirlo de cerca. Por eso me enfurece el escuchar —o leer— a personas como Fernando Barros que dicen en referencia a los movimientos sociales: "¿Contra qué se protesta? ¿Contra el pecado original de tener que trabajar para ganarse el pan?” [2]. Pareciera que se tildara de flojos a aquellos que no son parte del décimo decil como él. Lo que no sabe es que, generalmente, los pobres suelen trabajar mucho más, lo que pasa es que sus ingresos nunca llegan a ser tan altos como quienes tienen títulos profesionales, contactos políticos, contactos familiares en grandes empresas, etc. 

Necesitamos emparejar la cancha para que todos luchen y se superen en igualdad de condiciones. Pero tenemos una tributación muy dispareja, los más pobres pagan un 40% de impuestos, mientras lo más ricos pagan solo un 17% [3].  En la carrera, entonces, algunos parten muy adelante, mientras otros parten de muy atrás. Pero lo más escandaloso es que quienes van adelante les dicen a los que van atrás que es su por su bajo rendimiento físico, pero no advierten —o no quieren hacerlo— que es por su ventaja primera. 

Agrego que en un país poco democrático como Chile, tampoco es que aquellos ricos hayan logrado su éxito solo por esfuerzo. Debemos tener en cuenta que, tal vez, solo tuvieron los contactos políticos adecuados. No tengo nada en contra de la riqueza, pero prefiero que alguien se haga rico por su intelecto que por la pillería de chileno o su red de contactos. Esto último me parece más deshonroso que digno. Y más indigno me parece el hecho de que ahora digan los del décimo decil que quienes no tienen dinero no estudien en la universidad. "¿Para qué van a la universidad los que no pueden pagar?", dijo el rector de la UAI [4]. 

A diferencia de Ayn Rand, no creo en la aristocracia del dinero, creo en la aristocracia de la inteligencia. 


1. "Vivir para trabajar". Gonzalo Durán. 24 de noviembre de 2011. Blogs de la Tercera. Disponible en este link.
2. “Protestan porque no están dispuestos a sufrir y trabajar como sus padres”, por El Mostrador. Artículo de prensa de 24 de noviembre de 2011. Disponible en el link.
3. "Propuesta tributaria y desigualdad". Paul Fontaine. Columna en Diario Financiero, 14 de octubre de 2011. Disponible en el link.
4. "La ENADE y la preocupación de las 4 mil familias". Alexander Páez. Columna de El Mostrador, 24 de noviembre de 2011. Disponible en el link.

06 septiembre, 2011

El Elemento

Durante estos tres últimos años he trabajado en diferentes farmacias. Soy Químico Farmacéutico de profesión formal, por lo que al llegar a un local te transformas en el jefe de la farmacia respectiva, lo que te hace tener contacto con muchas personas. Tienes que aprender a trabajar en equipo, entender los diferentes temperamentos y caracteres de las personas, lograr que te quieran y a la vez liderar al grupo de trabajo, es decir, aquello que nunca te enseñan en la universidad. Trabajando allí, traté de indagar en las vidas de aquellos con los cuales trabajaba (auxiliares de farmacia. o vendedores, y otros químico farmacéuticos). Conocí mil historias de vida: de sacrificio, de valentía, también historias tristes. Con estas historias me nutría, me interesaba qué es lo que hay detrás de cada ser humano. Pero lo que más me llamó la atención fue que la gran mayoría, yo diría, un 95%, no trabajaba de forma apasionada en lo que hacía, sino solo apasionados porque terminara luego la semana laboral para poder descansar y así estar con sus seres queridos en casa (incluyendo aquellos que me decían que les gustaba lo que hacían). El 95% llegaba muy lateado el día lunes, pero todos se iban muy felices el fin de semana, sabiendo que podrían compartir con sus hijos, padres, esposos, esposas, pololos, pololas, o simplemente por el carrete que tendrían con los amigos, o porque finalmente podrían dedicarse más libremente a sus "hobbies".