Jesús en su tierna edad no era el típico niño correcto que hace las tareas, peinado al medio. De hecho, hubo una ocasión en que Jesús se les pierde a sus padres, los cuales se escandalizan ya que les había desobedecido -tal vez- yendo al Templo y él les responde que en los negocios de Dios le correspondía estar.